No, ya os digo de ante mano que la perra no se había cagado en mitad del pasillo.
Sencillamente seguía allí sentada en medio del pasillo donde la había dejado.
Se incorporo del todo y me miro como diciendo “¿Has visto? Sigo sentada tal y como me dijiste. Quiero mi premio.”
Estuve tentado de dar media vuelta y volver a mi cuarto, pero mi estomago se opuso firmemente a aquella decisión.
Avance por el pasillo.
La perra estaba justo en medio y no hizo ningún movimiento por apartarse.
Al contrario, si iba a un lado o a otro ella me seguía con la cabeza.
Me plante frente a ella sin saber que hacer.
Podría tratar de pasar de lado con mucho cuidado, pero tenia miedo de pisarla y acabar liando la cosa.
- Tira para allá.- dije señalando hacia donde quería ir.
Y lo hizo.
Me quede sorprendido y más aún cuando al llegar a la puerta se detuvo para mirarme en plan “¿no vienes?”
Fui.
Me siguió al interior de la cocina.
- ¿Ves como no es tan terrible?- comento mi hermana.
- Eso dices ahora. Cuando te despiertes en plena noche y descubras que te esta devorando ya veremos si cambias de opinión.
- Qué no es un lobo.- repitió con un tono cansado al tiempo que le ponía a Gata un cuenco rosa bastante feo lleno de comida.
- ¿Es que no había un cuenco más feo para la pobre? Ya sé que los perros ven en blanco y negro y se guían más por su sentido del olfato, pero es que es horrible.
- A ella le gusta.
- A ella le gustara la comida, no el plato. ¿Por qué no le puedes poner uno de esos plateados como tienen todos los perros?
- Pero a mi me gusta.
- A veces puedo olvidar lo barbie que puedes llegar a ser.
- Además, yo voy a cuidarla yo...
- Eso no lo dudes.
- ... y lo haré como yo quiera.
- Mientras no me involucres...- di por terminada la discusión sentándome a la mesa para poder cenar tranquilamente.
- ¿Qué te pasa?
- He tenido un día malo y extraño.
- ¿Y llegar a casa y descubrir que ahora tienes un perro no te anima?
- Eso solo ha hecho el día más raro y extraño, aunque estando tú y tus amigas de nuevo en mi vida no sé porque me extraño.
- Yo lo decía porque tú siempre has querido tener un perro o un gato...
- ¿Has olvidado lo que paso con Don?
- Cariño, tienes que superarlo.- dijo cogiendome la mano.
- ¿Cómo quieres que supere la muerte de Don? Ni siquiera pude enterrarlo.
- Alex, se escapo.
- ¿Cómo se va a escapar de casa una tortuga?- pregunte por enésima vez desde que ocurrió aquel horrible incidente.- Si podía dejarla por la noche en medio del salón y por la mañana no había llegado ni a la mitad del pasillo... y que encima nuestros padres me lo ocultaran diciendo que se había escapado no ayudo nada de nada.
Sentí ganas de llorar al recordarlo.
Mi pobre Donatello... si le puse el nombre de mi tortuga ninja favorita, ¿qué pasa?
De pronto sentí algo en el regazo que me asusto y me hizo dar un brinco.
Se trataba de Gata, que había puesto su cabeza en él y se me quedo mirando con ojitos tristes por haberme apartado de ella o tal vez por haberme asustado.
- No asustes a Alex.- le dijo Jen llevándola de nuevo junto a la comida.
Termine de cenar y me volví a mi cuarto.
Durante un buen rato no supe que hacer.
No tenia muchas ganas de hacer nada, pero entre unas cosas y se hizo casi la hora de irse a dormir para tener fuerzas para enfrentarme a otro horrible día de trabajo.
Fui al baño a lavarme los dientes y mis necesidades, cuando regrese a mi habitación me quede paralizado en el marco de la puerta desde donde pude ver como mi cama estaba ocupada por Gata.
Me di media vuelta, fui a la habitación de Jen, la tome de la mano, la lleve a mi habitación y señale a la perra.
La luz de esperanza en los ojos de Jen murió mientras sacaba a la perra de allí.
- Vamos, Gata.- la ordeno bajándola de la cama y sacándola de la habitación al pasillo.- ¿Quieres que me quede contigo para hacerte compañía?
- Eh, déjame que lo piense¡No!- y cerré la puerta y el pestillo.
Me volví a mi cama... y la perra volvía a estar sobre ella.
Seguramente habría vuelto a entrara mientras Jen y yo discutíamos.
- En fin, seguramente tú serás menos peligrosa que Jen. Pero la cama es mía, así que abajo.- le señale la alfombra y se bajo.
Se quedo allí sentadita, vigilante mientras apagaba la luz.
Sencillamente seguía allí sentada en medio del pasillo donde la había dejado.
Se incorporo del todo y me miro como diciendo “¿Has visto? Sigo sentada tal y como me dijiste. Quiero mi premio.”
Estuve tentado de dar media vuelta y volver a mi cuarto, pero mi estomago se opuso firmemente a aquella decisión.
Avance por el pasillo.
La perra estaba justo en medio y no hizo ningún movimiento por apartarse.
Al contrario, si iba a un lado o a otro ella me seguía con la cabeza.
Me plante frente a ella sin saber que hacer.
Podría tratar de pasar de lado con mucho cuidado, pero tenia miedo de pisarla y acabar liando la cosa.
- Tira para allá.- dije señalando hacia donde quería ir.
Y lo hizo.
Me quede sorprendido y más aún cuando al llegar a la puerta se detuvo para mirarme en plan “¿no vienes?”
Fui.
Me siguió al interior de la cocina.
- ¿Ves como no es tan terrible?- comento mi hermana.
- Eso dices ahora. Cuando te despiertes en plena noche y descubras que te esta devorando ya veremos si cambias de opinión.
- Qué no es un lobo.- repitió con un tono cansado al tiempo que le ponía a Gata un cuenco rosa bastante feo lleno de comida.
- ¿Es que no había un cuenco más feo para la pobre? Ya sé que los perros ven en blanco y negro y se guían más por su sentido del olfato, pero es que es horrible.
- A ella le gusta.
- A ella le gustara la comida, no el plato. ¿Por qué no le puedes poner uno de esos plateados como tienen todos los perros?
- Pero a mi me gusta.
- A veces puedo olvidar lo barbie que puedes llegar a ser.
- Además, yo voy a cuidarla yo...
- Eso no lo dudes.
- ... y lo haré como yo quiera.
- Mientras no me involucres...- di por terminada la discusión sentándome a la mesa para poder cenar tranquilamente.
- ¿Qué te pasa?
- He tenido un día malo y extraño.
- ¿Y llegar a casa y descubrir que ahora tienes un perro no te anima?
- Eso solo ha hecho el día más raro y extraño, aunque estando tú y tus amigas de nuevo en mi vida no sé porque me extraño.
- Yo lo decía porque tú siempre has querido tener un perro o un gato...
- ¿Has olvidado lo que paso con Don?
- Cariño, tienes que superarlo.- dijo cogiendome la mano.
- ¿Cómo quieres que supere la muerte de Don? Ni siquiera pude enterrarlo.
- Alex, se escapo.
- ¿Cómo se va a escapar de casa una tortuga?- pregunte por enésima vez desde que ocurrió aquel horrible incidente.- Si podía dejarla por la noche en medio del salón y por la mañana no había llegado ni a la mitad del pasillo... y que encima nuestros padres me lo ocultaran diciendo que se había escapado no ayudo nada de nada.
Sentí ganas de llorar al recordarlo.
Mi pobre Donatello... si le puse el nombre de mi tortuga ninja favorita, ¿qué pasa?
De pronto sentí algo en el regazo que me asusto y me hizo dar un brinco.
Se trataba de Gata, que había puesto su cabeza en él y se me quedo mirando con ojitos tristes por haberme apartado de ella o tal vez por haberme asustado.
- No asustes a Alex.- le dijo Jen llevándola de nuevo junto a la comida.
Termine de cenar y me volví a mi cuarto.
Durante un buen rato no supe que hacer.
No tenia muchas ganas de hacer nada, pero entre unas cosas y se hizo casi la hora de irse a dormir para tener fuerzas para enfrentarme a otro horrible día de trabajo.
Fui al baño a lavarme los dientes y mis necesidades, cuando regrese a mi habitación me quede paralizado en el marco de la puerta desde donde pude ver como mi cama estaba ocupada por Gata.
Me di media vuelta, fui a la habitación de Jen, la tome de la mano, la lleve a mi habitación y señale a la perra.
La luz de esperanza en los ojos de Jen murió mientras sacaba a la perra de allí.
- Vamos, Gata.- la ordeno bajándola de la cama y sacándola de la habitación al pasillo.- ¿Quieres que me quede contigo para hacerte compañía?
- Eh, déjame que lo piense¡No!- y cerré la puerta y el pestillo.
Me volví a mi cama... y la perra volvía a estar sobre ella.
Seguramente habría vuelto a entrara mientras Jen y yo discutíamos.
- En fin, seguramente tú serás menos peligrosa que Jen. Pero la cama es mía, así que abajo.- le señale la alfombra y se bajo.
Se quedo allí sentadita, vigilante mientras apagaba la luz.
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